Diccionario de la Música en el Paraguay

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LA MÚSICA EN EL PARAGUAY: INTRODUCCIÓN

Ubicado en el centro de América del Sur, el Paraguay es actualmente un país mediterráneo, de 406.752 Km2. y un poco más de 5.000.000 de habitantes; distante 1448 Kms. del Océano Atlántico. Al norte limita con Bolivia, al sur este y sur oeste con Argentina y al este y norte con Brasil.

Una Provincia Gigante

Habitado desde tiempos remotos por numerosas parcialidades indígenas, en el año 1524, toma otro rumbo su historia milenaria con la llegada a sus tierras, del primer europeo; el español Alejo García, quien ingresó desde el Atlántico, por la isla de Santa Catarina, Brasil. Tres años más tarde llegó por agua, Sebastián Gaboto, y en 1537 el Capitán Juan de Salazar de Espinoza fundó la Casa Fuerte de la Asunción. A partir de entonces se convirtió en el centro de la conquista española, siendo sede de operaciones para expediciones hacia las sierras del Plata. En los antiguos mapas figuraba con el nombre de «Paraguay, Provincia Gigante de las Indias», debido a su gran extensión. En el año 1542 el Rey de España nombró a Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, Gobernador del Paraguay; los habitantes descontentos con su gestión lo destituyen en 1544. En su lugar designaron a Domingo Martínez de Irala, adquiriendo los pobladores, con autorización del Rey, el derecho a nominar su propio gobernador, atribución retenida hasta 1735.

Integración política y cultural. La Colonia

En el siglo XVI (1) comienza con la conquista un proceso de desintegración de las culturas aborígenes que continuará con los sistemas criollos de colonización. Las antiguas formas y símbolos del Indio no son admitidos en las instituciones del nuevo orden colonial, y el guaraní debe ser «convertido» a través de las reducciones civiles y misioneras. Se produce, así, una diferencia entre la cultura del indio «montés» y los distintos fenómenos de aculturación y mestizaje acontecido en las reducciones y en la Provincia. Para los guaraníes, la alianza con los españoles significaba una posibilidad de defensa contra la agresión de las tribus paleolíticas - principalmente los cazadores chaqueños - : Los Guaycurú, los Payaguá y los Yapirú. Los españoles inauguraron con Irala la integración «pacífica» y «natural» sobre la institución del tovayá, el parentesco político que generaba toda una serie de mutuas obligaciones: defensa con el arcabuz y el caballo, por un lado; prestación de «servicio por amistad», por otro.

La alianza funcionó mientras las tierras guaraníes no fueron más que un camino provisorio hacia «El Dorado». Cuando fracasó toda tentativa de llegar hasta el «País del Oro» y se inició, consiguientemente, una política de colonización basada en un programa de reestructuración socio-política de las comunidades indígenas, hubo que «reducir» por amistad o por fuerza, a los naturales: el parentesco político ya no bastaba como contrapartida de la imposición de un sistema totalmente opuesto a la tradición guaraní. Y así se producen las violentas «rancheadas», las rebeliones, las represalias, las desesperadas huidas de los guaraníes hacia los montes.

La institución de la Encomienda: La explotación que implicaba el «Servicio de brazos y mujeres» y la amenaza de la desintegración comunitaria, llevaron a las rebeliones guaraníes. El primer alzamiento se produjo ya en 1452 y fue provocado por la negativa guaraní a prestar el servicio auxiliar de los españoles y por el ahorcamiento del Cacique Arakare. Sucesivas rebeliones posteriores fracasaron no solo por la inferioridad de condiciones del indígena, sino, quizás por la falta de una conciencia pantribal organizada.

Los Indígenas y su Música (2)

Desde épocas prehistóricas continúan habitando el Paraguay descendientes de pueblos pertenecientes a las más variadas culturas, conformando un mosaico étnico de características complejas. Los pueblos primitivos formaban familias o tribus con rasgos bien específicos y diferenciados; desde su idioma diferente, la organización social, su cosmovisión, hasta por la expresión de sus emociones a través de cantos, danzas, mitos y leyendas.

Los habitantes originales de esta región, eran principalmente agricultores, pescadores, recolectores y guerreros; se cree que la población indígena, a la llegada de los españoles, ascendía al millón. En la actualidad son apenas alrededor de 30.000 individuos, sobreviviendo 5 grandes familias, establecidas a su vez en numerosas tribus.

Estudios de orden lingüístico, han posibilitado en los últimos años, ubicar y conocer a las diferentes familias y sus ramificaciones: ZAMUCO, conformados por los Moro, Ayoreo y Chamakoko; MASKOY por Lengua, Angaité, Sanapaná y Guana; MATAKO por Chorotí, Chulupí y Mak’a; GUAYKURU por Toba, y TUPI-GUARANI por Mby’a, Chiripá, Paí Tavytera, Guayaquí, Guarayo y Tapieté. Se suman a estos la familia EMOK, curiosidad etnográfica, por hablar entre sí, los hombres el Toba y las mujeres el Lengua.

De las cinco familias lingüísticas, la que ha ejercido mayor influencia en la formación de la identidad cultural del paraguayo actual, es la Guaraní. Esta situación, en el campo de la música, llevó a confusión a historiadores y musicólogos, quienes al referirse a los indígenas del Paraguay, mencionaban tan solo la lengua, las costumbres y la cultura material de los guaraní, quienes solamente, poblaban los territorios donde fueron asentados los primeros pueblos. El idioma y otras expresiones culturales, son tan diferentes entre una y otra familia, que incluso varían entre las utilizadas por parcialidades de una misma familia lingüística. Salvando una costante general, en su organización social y otros aspectos de la vida de las comunidades, se pueden apreciar marcadas diferencias de orden cultural. Los grupos que sobreviven, ofrecen un panorama similar al que hallaron los conquistadores, y aunque mantienen contacto con los centros urbanos, y hayan modificado su aspecto exterior, preservan rasgos sobresalientes de su estadio musical primitivo.

Organización colectiva

Desde el punto de vista social, y considerando aspectos exteriores y muy generales, se observa, en la vida comunitaria de las diferentes comunidades, a los indígenas dedicados a la caza, la recolección de frutos y esporádicos cultivos, como medio de sustentación. La mayoría son nómadas, conformando grupos de hombres, mujeres y niños que difícilmente alcanzan los 100 individuos. Los jefes son elegidos por sus cualidades , conducta y locuacidad. El fuego del hogar es el centro principal de la vida de la comunidad y frente a él se dividen equitativamente los víveres y se originan canciones. Abundan en la religión, las relaciones mitológicas con los elementos de la naturaleza, las aves y las fuerzas del mal. Se destacan con diferentes denominaciones la figura del Padre de la Vida, Nuestro Padre Común, el Más Alto, el Creador y otras.


El prejuicio de lo estético

La práctica de la música entre los aborígenes, está permanentemente ligada a las diferentes actividades de la vida cotidiana, desarrollándose con naturalidad, sin el prejuicio de lo «estético». Numerosas son las referencias sobre la impresión que causaban a los españoles, las prácticas sociales y la música. (3) «Cercaron la casa del español todas aquellas noches sonando sus vocinas y tambores a guisa de guerra, de suerte que el pobre no se atrevía a salir de ella...». El padre Charlevoix escribe (4)... « son casi todos estúpidos de naturaleza, feroces inconstantes, pérfidos antropófagos, extremadamente voraces, dados a la embriaguez sin previsión y sin precaución, mismo para las necesidades de la vida...». Alvar Núñez Cabeza de Vaca decía (5) «con ellos hacen grandes placeres y regocijos, bailando y cantando...»

La función que cumple la música entre los indígenas es idéntica en las diversas familias; celebran el gozo de situaciones comunes, propician la fecundidad, la buena cosecha, ahuyentan los malos espíritus y animan la superación de sus propias dificultades. Las actividades musicales se confunden con las demás labores del día, por tal motivo, no existen músicos especialistas, ya que todos participan de la experiencia, reforzando el sentido y la connotación de las expresiones. Es frecuente también la integración de las diferentes formas de expresión musical: texto-canto-danza-ejecución musical, en una sola actividad, cuando se trata de ceremonias importantes como las propiciatorias, orgiásticas, medicinales o de agradecimiento.

Análisis Morfológico

La música de los aborígenes presenta un rasgo claramente perceptible: es anaestructural. Este aspecto se evidencia en primera audición, «algo le falta», para el oído occidental. La frase musical se halla con nitidez, con mayor o menor grado de complejidad, pero ella no es independiente como pensamiento musical, pues necesita de otras frases para completar su sentido y formar un período musical, con carácter conclusivo. Una vez presentada la frase, la misma se repite sin variación aparente, reiterándose por largas horas, llegando el final, por lo general, por cansancio físico o aburrimiento.

El ritmo predominante es de carácter binario. La necesidad del menor esfuerzo en canciones y danzas colectivas lleva a cerrar el círculo en el menor número de pulsaciones y acentos. Especialmente en las danzas se manifiesta en sentido más concreto, en tanto que en casos como el canto llano, se presenta libremente adaptado a las posibilidades del texto del relato. Las melodías de canciones y solos instrumentales se desarrollan en el limitado marco de 3 a 4 notas. Es frecuente advertir centros de gravedad armónicos, pero los mismos no guardan relación con el centro del discurso melódico.
Los intervalos no corresponden con exactitud a los parámetros de las escalas occidentales.

Instrumentos musicales

Como en la mayoría de los casos, los instrumentos musicales de los indígenas del Paraguay, surgieron a partir del material disponible en cada región. Las calabazas se convirtieron en sonajas, los dientes y pezuñ

as de animales en sonajeros, las tacuaras en flautas y bastones sonoros, y los troncos huecos en tambores. Existen innumerables instrumentos que, agrupados en conjunto presentan características análogas.
Entre los instrumentos de percusión se destaca primero la sonaja de calabaza empleada en el acompañamiento de canciones y danzas.

La corteza de una calabaza es rellenada con piedras o semillas y un mango de madera. Las fórmulas rítmicas que produce son sencillas, destacándose especialmente por un sonido preparatorio de carácter anacrúsico, previo a los acentos del ritmo. Entre las tribus que utilizan este instrumento podemos citar a los Matako, Mak’a, Chiripá, Mbya, Paí y otros. Además de su valor musical tiene un sentido sagrado, siendo instrumento ritual de los chamanes. El Bastón de Ritmo consiste en una caña muy gruesa y elevada -hasta dos metros- cerrada en el extremo inferior.

Para su ejecución se la toma de la parte media y se la deja caer sobre la tierra produciendo un sonido profundo y grave, audible desde varios kilómetros; en algunas tribus lo utilizan solamente las mujeres. Sonajas, sonajero de uñas en forma de racimo al cual van sujetas uñas y pezuñas de ciervo y venado, pecaríes y jabalíes.

Las pezuñas son perforadas y pasadas por un cordón. Los danzarines se atan a las muñecas o pies, o a veces simplemente al extremo de una caña. El sonajero es utilizado comúnmente en las ceremonias de advenimiento de la pubertad en las mujeres.(6). Durante varios días son aisladas las mujeres púberes, para luego de una prolongada danza con sonajeros prendidos a sus tobillos, son consideradas capaces de dar hijos a la comunidad.

Entre los Chulupí, Chorotí, Lengua, Mak’a y Sanapaná, la danza con estaca y sonajero de pezuñas, se emplean en el rito de la pubertad de las muchachas. En este rito se refleja la preocupación de mantener a los espíritus malignos potenciales alejados, o pasivos por medio del ruido, una expresión de la magia protectora. Los hombres Chamakoko se colocan los sonajeros durante el ceremonial anabsónico, ritual de los enmascarados, representando a genios demoníacos; los hombres Toba usan estos sonajeros durante la danza de la cabellera y así también los Chulupí para mantener alejados a los espíritus vengativos.

Tambores. Los más conocidos son el tambor de agua, consistente en un tronco ahuecado calafateado en su interior con arcilla, para recibir el agua, y una membrana tensa en el extremo superior. Su ejecución se realiza con palos o con las manos. Existen otros construidos con barro cocido, cubiertos de pieles. Se utilizan para apresurar la madurez de los frutos, para la pesca y como toques de guerra.

Flautas. Existen de diferentes tipos, las más comunes son las que se soplan contra un filo. Se construyen de cañas o eventualmente de huesos, astas vacunas, y huesos de tamaño mayor para ser utilizados para toques semejantes a la trompeta. A lo largo del tubo se practican orificios, no mayor de cinco usualmente. dichos agujeros, en algunos casos observados no son ordenados regularmente, sin orden acústico, produciendo por lo tanto, un orden sonoro no convencional. Si bien en algunos casos es utilizada durante las refriegas tribales, usualmente es un instrumento solista que no participa de ceremonias especiales. Entre los guaraníes recibe el nombre de Mimby, existiendo el Mimby guasu (grande) el Mimby tarara (tipo trompeta), y el Mimby chu´e (tipo tortuga).

Otros tipos de flauta como las de pan, con tres o cuatro cañas agrupadas una al lado de otra, de diferentes tamaños, y cerradas en su extremo inferior.
Los arcos sonoros con resonadores o llamados de boca se fabrican con un sencillo trozo de cuerda de material vegetal o animal tensado en dos extremos. Los arcos de boca utilizan la cavidad bucal como resonador, existiendo otros que como caja de resonancia emplean calabazas o elementos ahuecados. Uno de los más conocidos arcos musicales es el Berimbao (luego Gualambau), adoptado de otras culturas por los guaraní. Una cuerda tensada en un arco y un resonador de calabaza grande, produce sonidos al recibir golpes en la cuerda, por medio de una varilla.
Silbatos. Entre los guaraní con el nombre de Serere, son construidos de trozos de madera de unos 12 centímetros de longitud por 3 de ancho. Produce 2 notas. El Nasere es una pieza de madera de unos 6 centímetros por 5, con un orificio para soplar y 2 para producir variaciones.

La música durante la Colonia

De entre la escasa actividad, que se tiene noticia, se puede mencionar la formación de la que sería, la primera orquesta del Paraguay. En el año 1545 Gregorio de Acosta integraba en Asunción, un coro de músicos del que formaban parte también Juan de Xara de la Catedral de la Ciudad, Antonio Coto, clérigo. Antonio de Tomás de la misma iglesia y Antonio Romero. Así mismo resalta la labor del Padre Juan Gabriel Lezcano, de Valladolid, nombrado cura de Asunción en 1543. Tres años antes, fundó una casa y una escuela para niños pequeños, cristianos e indios, en las afueras de Asunción, donde se enseñaba entre otras cosas, música.

Las Misiones Jesuíticas

(7) En la era fronteriza de los siglos XVI y XVII el Paraguay fue teatro de un acontecimiento destinado a tener profundas, prolongadas y amplias repercusiones de carácter histórico, económico, político y cultural.

Nos referimos a la entrada de los padres de la Compañía de Jesús en estas tropicales regiones de América del Sur. La historia de las Reducciones Jesuíticas en el Paraguay, constituye un capítulo de extraordinario atractivo, sobre todo en su aspecto musical. La actuación misionera comenzó en 1609, año en que Hernandarias, el gobernador, pide encarecidamente al Padre Provincial que destinase misiones para los indios. El éxito de las reducciones fue rápido y sorprendente. Se establecen más de 30 pueblos con alrededor de 80.000 almas. Bajo un estricto régimen de organización, desarrollaron numerosas actividades como la ganadería, agricultura y comercio. En el campo de la instrucción es precisamente donde se observan aspectos sorprendentes. Poseían sus propias imprentas, fábricas de instrumentos musicales, trabajos de artesanía, y otros. Los jesuitas tenían absoluta independencia del poder civil, y ningún español podía residir por más de tres días en una reducción.

El extraordinario potencial económico y organización política, produjo una cerrada competencia, con los demás miembros de la Colonia, lo que con el tiempo, y luego de numerosos sucesos, llevó al primer grito revolucionario de América, entre 1717 y 1735 (Revolución de los Comuneros), y en 1767 a la expulsión de los Jesuitas. Doscientos mil habitantes vivían entonces en las reducciones, hasta su desmembramiento producido por un decreto dictado por Carlos III.

Los Jesuitas y la Música

(8) Numerosos jesuitas eran muy buenos músicos, de una notable multiplicidad. Rodrigo de Melgarejo fue clérigo virtuoso y pretendiente de la Compañía, de quien sabemos, que era músico y fue el primer maestro de arte con que contaron los indios. El Padre Juan Vaisseau o Vaseo como dieron en llamarle los españoles, era natural de Torunay (Bélgica). En 1617 arribó a las reducciones trayendo consigo instrumentos predilectos, como no pocas piezas de música. Fue destinado a las reducciones guaraníes de Misiones, hoy Argentina. Gran fama adquirió el célebre Padre Sepp. Su verdadero nombre es Joseph Von Reineg, noble de Tirol. El mismo Sepp refiere algunos datos «Les tocábamos una pieza en la trompa grande, traída de Augsburgo y otra trompa pequeña traída de Génova. Esos buenos padres jamás habían oído tales músicas pero lo que les arrebató el corazón fue la música tocada con el dulce psalterio. Después y en compañía del Padre Bohm toqué diferentes flautas, las que había comprado en Génova, y después les toqué el violín y la trompa marina, que es un instrumento de una sola cuerda, pero cuyo sonido es semejante a la trompeta, y que yo había hecho construir en Cádiz. Los padres quedaron sumamente complacidos y les parecía poco lo que les había tocado...». Otros misioneros músicos fueron Martin Schmid que también fue brillante arquitecto, diseñó y dirigió la construcción de los principales templos de la reducción de Chiquitos, hoy Bolivia, creando numerosas obras para el repertorio musical y construyendo instrumentos.


Luís Berger, originario de Abbeville, Amiens, fue destinado en 1616 al pueblo de San Ignacio. Pero la figura más trascendente de todos, indudablemente fue Domenico Zípoli (1688 1726). Nacido en Prato cerca de Florencia, Italia., el compositor más destacado de su tiempo, en Roma. Organista de la Chiesa del Gesu. Compuso numerosas obras que fueron publicadas y apreciadas en Europa, a las que debe su fama universal. Para órgano y tecla, escribió y publicó en Roma y Londres sus «Sonate d’Intavolature». Siendo muy joven entró en el noviciado de los jesuitas para ir como misionero a las célebres reducciones del Paraguay. Llegó a América en 1717, en el mismo barco que transportaba a Giovanni Primoli, el célebre arquitecto de las reducciones. Zípoli se estableció en Córdoba (Argentina) y estudió filosofía y teología para ser sacerdote. A la par compuso muchas obras religiosas para los grandes coros de las reducciones; de hecho su música se hizo la más apreciada por los indígenas, no menos que por los misioneros, solicitándose permanentemente copias desde los más lejanos pueblos jesuíticos.

Fue el Virrey de Lima quien enterado de la fama de Zípoli, encargó una copia de la Misa en fa, gracias a esta copia, y luego de la expulsión de los Jesuitas se pudo recuperar la obra. Con el desmembramiento de las reducciones casi todos los objetos de arte fueron perdidos o robados, es así que las composiciones de Zípoli y los demás maestros de las reducciones desaparecieron. La copia de la Misa fue hallada en Potosí, y posteriormente llevada a Sucre en donde se preservó. Recientemente, en 1974, durante los trabajos de restauración de las Iglesias de Chiquitos, el arquitecto austriaco Hans Roth, encontró por casualidad más de 10.000 manuscritos de música perteneciente al repertorio de las reducciones, entre las que aparecen numerosas páginas con el nombre de Zípoli y otros compositores. Las piezas finamente copiadas, así como un valioso lote de instrumentos originales y un Método para la enseñanza de la Música en las reducciones, se encuentra bajo el cuidado del Arzobispado de Concepción, Ñuflo de Chávez, Bolivia.

Los instrumentos musicales más difundidos en las reducciones fueron el violín, el clave y el órgano, así como el arpa y la guitarra, ya introducidos a América con anterioridad.

La ciudad jesuítica de Yapeyú llegó a ser unos de los principales centros para la construcción de instrumentos, allí se fabricaban órganos, arpas, violines, claves, trompetas, cornetas y chirimias.

El proceso social de la llamada «amalgama hispano guaraní», se desarrolló desde el comienzo de la conquista en las reducciones. El Capitán Juan de Aguirre refería en sus crónicas «Prosiguen dominantes los cantares y los bailes antiguos españoles. Hablan el guaraní, pero entienden y hablan el castellano cuando quieren».
El respeto hacia la lengua de los guaraníes -único rasgo cultural no censurado por los jesuitas- Posibilitó que hasta la fecha, el Paraguay sea, el único bilingüe de América.

La Independencia

El Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, cabeza del movimiento que llevó a la Independencia del Paraguay (1811), gobernó por casi 30 años. Tomó drásticas medidas que aseguraran la Independencia. Se erigió en Supremo Dictador imponiendo un sistema de vida riguroso. Cerró las fronteras, limitando al máximo la entrada al país de extranjeros, información y publicaciones. El Dictador Francia tuvo numerosos detractores y admiradores, siendo en actualidad, su personalidad y su gobierno, fruto de estudios importantes, que en ciertos aspectos reivindican su controvertida figura, y actuación política.

La música y la dictadura de Francia

A la par de las actividades sociales, en esa época, las manifestaciones artísticas se restringieron al máximo, limitándose al interior de las viviendas; aunque recientes documentos hallados en el Archivo Nacional de Asunción revelan datos sobre el extenso tráfico de instrumentos musicales, partituras y accesorios instrumentales que eran adquiridos por el Estado para difundir el arte musical.

(9) El historiador Dionisio González Torres dice: «Durante la dictadura de José Gaspar Rodríguez de Francia, la música popular tuvo gran desarrollo y difusión porque organizó bandas militares en todas las unidades de la Capital y de la Campaña, facilitó la incorporación de instrumentos musicales (clarinetes, pífanos, trompas, oués, violines, tambores, triángulos y panderetas) en la tienda del Estado donde se vendían cuerdas de arpa y guitarra a precios reducidos. Además un hecho de fundamental importancia: la creación en 1817 en la Capital, de la Escuela de Jóvenes Aprendices de Música Militar, donde se destacó el maestro de Música Manuel Sierra, y en las bandas de la Capital, Benjamín González y Felipe Santiago González. Hábiles guitarristas y cantores de los años 30 del siglo pasado, fueron los maestros José Gabriel Tellez, Luís María Quintana y el famoso guitarrista y cantor popular Cangué Herreros, de Carapeguá, soldado del Batallón Escolta.

Se destacaron también durante la época posterior a la Independencia, los músicos Vargas, guitarrista y poeta, Casal y Rufino López de Luque, guitarristas, Perico Agüero de Caraguatay, Ulpiano López de San Pedro, Tomás Miranda (Tomás Carapeguá), Anastasio Rolón de Caraguatay, guitarrista y poeta, autor del primer Himno patriótico con su música y letra en guaraní.»

De esta primera mitad del Siglo XIX se tienen las primeras referencias históricas sobre la naciente música paraguaya. Así describían cronistas como Rengger hacia 1820..(10). «La música es monótona, por lo que casi todas las canciones tienen la misma tonalidad. El canto se acompaña con guitarra, que todos, por supuesto, tocan mediocremente. El tema de las canciones es, generalmente, desafortunado, los lamentos de un celoso, etc. Hay pocos cantos nacionales. La danza es pesada sin gracia. Se baila contradanzas españolas, cuyas figuras o evoluciones son a veces agradables. Los músicos son los mismos que tocan en las iglesias porque afuera de estos casi nadie sabe tocar decentemente...», en tanto que los hermanos ingleses Parish Robertson en sus cartas sobre el Paraguay (11) hablan de un canto quejumbroso que entonaban los paraguayos y que llamaban purahéi asy (canto lloroso). Aparecen así, de la fusión entre la música española, cuyos ritmos y giros melódicos fueron asimilados y modificados, y el texto cantado en guaraní, las primeras muestras de la canción paraguaya que sin mayores variantes se mantiene hasta el presente.

Los López
Progreso material y cultural

Entre los años 1840 y 1870 gobiernan el Paraguay los López. Carlos Antonio, primer presidente constitucional de la República y posteriormente Francisco Solano quien hereda la presidencia y dirige la Guerra de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay contra el Paraguay), hasta su derrota y muerte en 1870.

Con el gobierno de los López se desarrolla una tendencia de crecimiento en el orden material y cultural. Se construyen los grandes edificios, como la Casa de Gobierno, el Panteón de los Héroes, el Cabildo, así como los primeros buques de ultramar, el ferrocarril y la fundición de hierro. Una réplica de la Scala de Milán, para sede del Teatro Nacional, queda inconclusa, tras la guerra, utilizándose en la actualidad como oficina recaudadora de impuestos. Todas estas obras fueron diseñadas y dirigidas su construcción por ingenieros, arquitectos y especialistas ingleses, franceses e italianos, contratados especialmente para el efecto, produciéndose así la primera gran migración intelectual.

Por ese entonces el país contaba con 700.000 habitantes. Aparece el primer periódico nacional El Paraguayo Independiente (1853), al que siguen Eco del Paraguay (1855) y otros. En el campo de la instrucción pública se contaban con 400 escuelas. Se inician las primeras actividades artísticas públicas, preferentemente ofrecidas por compañías españolas que realizaban giras por América del Sur. En 1858 El Semanario anuncia «Compañía Dramática Española. Sinfonía a toda orquesta, Los hijos de Eduardo, Don Juan Tenorio», etc. En una publicación de El Semanario del 27 de noviembre de 1858 se pública por primera vez una referencia acerca de la música nacional del Paraguay, la Polca, nombre que adopta la forma de música popular más difundida en el país. De gran importancia, en el desarrollo de la educación musical profesional, significó la contratación del maestro francés Francisco Sauvageot de Dupuis, presunto autor, además, del Himno Nacional del Paraguay y de la Marcha al Mariscal López. Dupuis llegó al Paraguay en 1853 y vivió hasta 1861. En ese lapso trabajó formando las bandas militares de música, que en número creciente rápidamente se desarrollaron. De la generación de músicos formados por Dupuis surgen las primeras figuras de trascendencia como: Cantalicio Guerrero, clarinetista y director de orquesta, quien integró varias orquestas en Buenos Aires, Argentina y en 1890 formó la Orquesta Nacional, primera agrupación sinfónica subvencionada por el Estado; Rudecindo Morales, trompetista de fama; Indalecio Odriozola, tambien director de orquesta y otros.

La Guerra de la Triple Alianza

Durante ese lapso de 5 años (1865-1870) la música cumplió un papel fundamental, tanto para mantener la moral de las tropas en el frente, como para crear un ambiente de optimismo en los pueblos y en la capital.

Se organizaban veladas, fiestas folklóricas y los llamados bailes de salón. En el frente surgían numerosas composiciones que inauguraban el género de música épica, La composición Campamento Cerro León de autor anónimo se constituyó en el Himno Popular del Paraguay. En la capital se bailaban las danzas de moda, traídas -una buena parte- de Europa por la esposa del Mariscal López, la francesa Alicia Elisa Lynch, conocida como Madama Lynch. En estas fiestas, que se llevaban a cabo con mayor frecuencia en el Club Nacional, se bailaban Lancero, Cuadrilla, Contradanza, London, Palomita, Vals, Mazurca, Polca. Con el tiempo gran parte de estas danzas fueron adoptadas por el pueblo con modificaciones considerables, e incorporadas al repertorio de danzas populares y tradicionales del Paraguay. De estas sobreviven en la actualidad La Contradanza, la Cuadrilla, y el Lancero., el Santa Fe, la Golondrina, el Montonero, la Polca Paraguaya, el London Karape (agachado), la Palomita, el Solito, el Cielito, la Mazurca, Chotis (de Schottis) y otras. De origen indígena solamente se baila el Pishesheshe (pie arrastrado).