Artículos y Notas

Un judío en el Paraguay (recordación a Alfredo Seiferheld)

Publicado por: Luis Szarán el 04/09/2007

Un judío en el Paraguay (recordación a Alfredo Seiferheld)

La cita era en un rincón de la Chopería Roma, uno de los pocos sitios de Asunción en los que se podía conspirar en la década de los ochenta, aún sabiendo que casi todo lo que se hablaba en ese sitio se filtraba “en las alturas” de alguna manera, ya fuera por el aparentemente distraído mozo pyragüe o por los numerosos espías que acudían disfrazados de parroquianos. Alfredo comenzaba sus primeras armas como columnista de ABC color y casualmente una gran parte de mis mejores amigos formaban parte del staff del diario como: Jesús Ruiz Nestosa, Alcibíades González Delvalle, Rufo Medina, Luis Alberto Mauro, Enrique Bordenave y otros.
Sentí curiosidad en conocer a Alfredo debido a una serie de escritos sobre temas prácticamente vetados para el tiempo: el retorno de los MOPOCO al país, las oportunidades que el Paraguay se perdía en esa época al no comerciar con los países comunistas o el enfoque real sobre la historia de la Guerra del Chaco, más allá del exceso de heroísmo y autosuficiencia a los que estábamos acostumbrados desde Francisco Solano López hasta Alfredo Stroessner.
Comenzamos hablando de nuestras actividades profesionales y un poco más en confianza, entre interrupciones de algunos amigos como Domingo Laino –figura temida por el régimen y asiduo visitante del lugar, además uno de los pocos espacios que se arriesgaba a tenerlo como cliente- o del joven sindicalista de Clínicas Carlos Filizzola, quien diseñaba, junto a su grupo, en medio del humo de los chorizos y la nunca fría cerveza, las estrategias para ir debilitando al sistema. Me despaché de una manera violenta contra los judíos, recordando los innumerables problemas que habían tenido mis abuelos y padres en Polonia, quienes se referían a ellos con poco cariño, debido al dominio de las técnicas del monopolio comercial y la especulación financiera. Alfredo estimulaba esos recuerdos familiares, quizás con espíritu de historiador, periodista  o por su carácter masoquista. Mis argumentos no iban más allá de estas anécdotas familiares, pero alentado por él comenzamos a hablar de cuestiones de mayor complejidad en la vida actual de los judíos como el racismo, la intolerancia y la convivencia. 
Al final de varios encuentros me dijo: “Mirá Luis: yo soy judío y dentro de poco se va a publicar mi nuevo libro y quisiera que vos hagas la presentación”. Efectivamente al mes me tocaba presentar uno de sus primeros aportes al mundo de la historia paraguaya: “Los Judíos en el Paraguay”. Así era Alfredo, a cada paso nos enseñaba con ejemplos y con ironía a comprender de una manera práctica y racional las cuestiones de la vida cotidiana.
Para mí fue una lección inolvidable, al leer su libro, aprendí a respetar y entender a una cultura ajena a la mía y a ver con el mismo cristal a todas las demás. Esta amistad continúo por todo el tiempo, hasta los últimos días de su vida y hasta cuando me obligaba a abandonar su habitación, porque comenzaba a sentir los efectos de la morfina y me pedía no recordarlo sin su mayor estado de lucidez.
Una vez más, este recuerdo al amigo querido, revive el amargo pensamiento de porque la vida es tan injusta ya que se lleva tan pronto a las personas buenas…